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 DE BUENA TINTA

Estamos en el año 783, el reino de Asturias es el reducto cristiano más importante dentro de la Península Ibérica. El resto del territorio se encuentra ocupado, en poder de la población musulmana, bajo el poder del Emirato de Córdoba, cuya cabeza visible es la de Abderramán I.
Alfonso I de Asturias ha sido sucedido en el trono por su hijo bastardo Mauregato, ha llegado al poder con la colaboración de Aderramán I y como todo tiene un precio, a cambio de perpetuarse en el poder, le ha ofrecido al rey musulman, el pago anual de un cruel tributo: cien doncellas, vírgenes, que serían entregadas cada año para ser explotadas y utilizadas como mercancía.
En el año 788, es asesinado Mauregato como venganza por tan execrable tributo. A Mauregato le sucederán Bermudo I y Alfonso II “El Casto”, que pretenderán sustituir el tributo por la entrega de metales preciosos u otra dádiva que no implicase la esclavitud de seres humanos y menos de mujeres jóvenes. Alfonso derrota a las tropas musulmanas en la batalla de Lodos y consigue que el tributo sea abolido. Sin embargo, poco durará la exención, ya que Abderramán II, siendo rey de Asturias Ramiro I, vuelve a exigir el pago del tributo.

Hasta aquí la Historia, pasemos ahora a la leyenda.
En la Villa Palentina de Carrión de Los Condes, en pleno camino de Santiago, se cuenta, que las doncellas, aterrorizadas ante tan incierto y desagradable futuro, en el momento en que iban a ser entregadas, se arrodillaron y se encomendaron a las alturas, obrándose el milagro.
De la llanura apareció una manada de toros negros, astifinos, galopando enfurecidos que embistieron con una fuerza descomunal contra los raptores poniendo a unos en fuga y matando a los otros. Y así fue cómo por mediación divina y taurina, las doncellas quedaron salvadas y nunca más se volvió a exigir tan ignominioso tributo.
En Carrión de los Condes, se puede contemplar la representación del milagro. En la explanada de la Iglesia de Santa María del Camino, las mozas más bellas de la localidad se visten de blanco y simulan ir a la entrega en pago del tributo. Otras gentes del pueblo, vestidos de musulmanes intentan llevárselas, pero su empeño se ve frenado cuando dos o tres chavales aparecen empujando un carretón embistiendo a todo lo que se mueve.
En un par de ocasiones he tenido el honor de participar en dicha fiesta, vestido de fraile, acompañando al que representa al obispo del lugar –Quique, un chaval simpatiquísimo y gracias al cual se ha recuperado esta bella tradición-. Y ¿cómo no? Cuando aparecen los carretones salvando a las doncellas, pues, la verdad es que no lo puedo evitar, ahí me planto yo, en medio de la plaza de la Iglesia, vestido con mi hábito de fraile y recortando a los carretones. La verdad, que el refrán es sabio: “El hábito no hace al monje”, y yo añadiría, “ni el vestido al torero”.
Os recomiendo que si podéis, os acerquéis por allí. La fiesta se celebra para Santiago, que por cierto, este año es Fiesta Nacional. Igual podemos pegarnos unas carrerillas delante de los toros de cartón piedra, en honor a las doncellas de la villa.
Testimonio de la tradición y de la leyenda es la fachada románica de la Iglesia, en la que se encuentran tallados unos relieves que representan las cabezas de los toros que salvaron a Carrión del pago del tributo y dentro del templo, podéis apreciar una magnífica pintura donde también se puede ver el fantástico episodio.

 Un saludo desde el tercio,

 

 
La leyenda de las cien doncellas
Por Miguel Ángel Rodríguez
Iglesia de Santa María del Camino
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